Quicolé es una cadena de gasolineras en pleno proceso de implantación en España. Fundada por tres socios mayoritarios, parte con el objetivo de ser una gasolinera urbana, ágil, tecnológicamente avanzada y de precios muy competitivos. Todo ello, con una imagen fresca y revolucionaria para el sector, anclado en lenguajes y símbolos algo desfasados para las nuevas generaciones.

Año: 2016-7
Consultoría - Identidad de marca
Equipo: Belén Cosmea, Cecilia Álvarez

Una gasolinera divertida y diferente.

Que no quería ser como las demás.

Dispuesta a arriesgarse e ir más allá.

Una estación que no sólo no afearía su entorno, si no que lo haría más interesante.

Los socios de la futura gasolinera tenían claro una cosa: no querían que fuese como las demás. 

El modelo de negocio estaba claro: gasolinera urbana, que permitiera repostar ágil y rápidamente y sin elementos superfluos; pero faltaba todo lo demás: el nombre, su carácter, su personalidad.

Teníamos muy claro que la nueva marca de gasolineras debía representar no sólo los valores de la marca, si no también mostrar un carácter más abierto, horizontal y modernizado que sus competidoras, de imagen habitualmente más agresiva, convencional y lejana.

La nueva marca debía ser cercana, original, integradora, amable y contemporánea y divertida.

Comenzamos realizando una investigación sobre cómo se perciben las estaciones de servicio, qué nos sugieren, si nos hacen sentir cómodos o creemos que nos hacen perder el tiempo innecesariamente. Gracias a ella pudimos obtener ideas y datos muy interesantes. En resumen: repostar en un entorno urbano es un trámite necesario pero engorroso.

Por esta razón, uno de nuestros principales objetivos fue el diseño de la nueva identidad transmitiese claramente que ésta no era una gasolinera como las demás

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logotipo de Quicolé

Comenzamos el proceso de naming para seleccionar el nombre de la nueva marca, su activo más valioso. La propuesta elegida fue Quicolé, palabra inventada resultado de unir fonéticamente la palabra “quick” (rápido, en inglés) y olé, posiblemente la palabra más reconocida de nuestro idioma. Rápido, porque es una de las promesas principales de la nueva marca. Y olé, porque además de darle un toque divertido y un punto irreverente, transmite sensaciones positivas (las que puedes sentir al darte cuenta de lo poco que has tardado en repostar, por ejemplo…).

El logotipo debía ser también sencillo y fácilmente reconocible. Teniendo en cuenta que es una identidad que será vista desde la carretera y a una velocidad considerable, proponer un logotipo complejo o cargado de efectos iría en contra de su legibilidad y reconocimiento en condiciones tan particulares.

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Papelería corporativa, en proceso
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Detalle del monolito

Tras la identidad, orientamos nuestras energías a trasladar ese carácter a las estaciones de servicio, únicos puntos de venta de la marca y que debían ser perfecto reflejo de sus valores.

Nuestro principal argumento de partida fue que las gasolineras no serían aburridas, feas o anodinas. Su diseño debía facilitar su reconocimiento de lejos y ser un elemento urbano interesante para los usuarios y vecinos, pero también ser lo más simple y comprensible posible para no suponer un obstáculo a la hora de orientarse o repostar en la estación.

Más que apostar por diseños futuristas, cargados de degradados, luces y efectos, serían espacios de colores y formas básicas pero atrayentes, cuya simplicidad y rotundidad en el uso del color y las formas gráficas simples funcionasen como elemento fuertemente distintivo en un entorno urbano cargado de estímulos visuales.

Surtidores
Detalle de la caseta

Crear el sistema gráfico fue un proceso fluido y muy entretenido, donde trabajamos con colores y tramas. El resultado es juguetón, urbano, muy pop y al mismo tiempo sencillo y flexible. Las distintas combinaciones de tonos y grafismos permiten posibilidades casi infinitas, pero reconocibles y totalmente novedosas en un entorno como el de las estaciones de servicio. Aunque los colores negro y blanco fuesen la base de la nueva identidad, los colores secundarios y las tramas de vivos colores alejarían cualquier atisbo de aburrimiento.

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