Mucha gente piensa que ser creativo o no es como la estatura: naces así y poco puedes hacer al respecto. Algún optimista nostálgico quizá comente que de pequeño recuerda haber tenido mucha imaginación, pero que al hacerse mayor la fue perdiendo, más o menos al mismo tiempo que la elasticidad, la inocencia y la capacidad de disfrutar jugando sin competir.

Pero ¿qué es la creatividad?

Ni siquiera las (pocas) señoras y (demasiados) señores de la Real Academia Española parecen tener claro cómo definirla, porque se quedan en un lacónico “facultad de crear” o “capacidad de creación”, que viene a ser un poco lo mismo. Sin embargo, sí parecen tener un poco más claro que es imaginación, que definen de esta forma tan poética y abstracta:

Facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales.”

Aunque, como última definición, añaden:

Facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etc.”

Bueno, sé que no soy quién para contradecir a los ilustres y sabios componentes de la RAE pero, en mi humilde opinión, esto último es creatividad, no imaginación.

Muchos adultos no se consideran personas creativas ni con imaginación. Creen que son capacidades que no van a necesitar en la madurez, para las que no tienen tiempo o -en el peor de los casos- que estorban y son un foco de malos hábitos e ideas poco prácticas. Ser creativo no es “serio”, señores.

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Sin embargo, si aceptamos que la creatividad es esa capacidad de crear nuevas ideas a partir de la conexión entre otras ideas, más o menos dispares, es esencial que fijemos nuestra atención en un detalle: en ningún momento se menciona qué tipo de ideas tienen que ser.

Muchos científicos, economistas, cocineros, profesores, deportistas, incluso políticos (…) se autodefinen o los definimos como personas creativas. La relación entre creatividad y ciencia, por ejemplo, es de sobras conocida e incluso me atrevería a decir que no puedes ser un buen científico o investigador si no eres una persona creativa. Buscar respuestas a preguntas a menudo auto-formuladas supone un formidable ejercicio de creatividad.

To raise new questions, new possibilities, to regard old problems from a new angle, requires creative imagination and marks real advance in science.

Albert Einstein: The Hidden Relationship Between Risk and Creativity

En el campo de la gastronomía podemos encontrar famosos ejemplos de personajes muy creativos, pero también los encontrarás en startups tecnológicas, en los negocios e incluso en el rígido mundo económico podríamos señalar a alguna mente especialmente ingeniosa en la búsqueda de nuevas soluciones a no tan viejos problemas..

Es cierto que hay áreas de conocimiento o profesiones donde la creatividad a priori parece no tener mucha cabida. Abogados, funcionarios, ciertos tipo de ingenierías, matemáticas… pero no es más que nuestra tendencia a vincular la creatividad casi exclusivamente con el arte, el diseño o la artesanía.

Las personas creativas no sabemos porqué lo somos, a menudo no sabemos ni que lo somos. Yo me considero una persona creativa, pero no fue hasta que los que me rodeaban empezaron a hablar de ello como una facultad que les resultaba singular y en parte sorprendente, cuando reparé en que quizás aquello que para mí resultaba tan natural y poco relevante, para otros constituía todo un misterio.

Incluso alguna vez me preguntaron si podían trabajar conmigo un día -de forma presencial- para ver “cómo y cuándo” se me ocurrían las ideas, sugerencia que aunque inicialmente me resultó un poco confusa e intimidatoria, después me dio mucho que pensar: ¿Cómo tenía yo realmente mis ideas? ¿Tenía algún proceso, método, que por innato y habitual me resultaba del todo invisible? ¿Existía de verdad ese momento “¡eureka!“?… Y si efectivamente había algún tipo de método propio que me llevaba a tener ideas con tanta facilidad, ¿podría ser capaz de sistematizarlo y explicarlo? ¿Les serviría a otros como me servía a mi?…

Me resulta sumamente complejo explicar exhaustivamente los procesos que me llevan a tener ideas. Posiblemente porque nuestra capacidad verbal no está a la altura de nuestra capacidad cerebral de recopilar, mezclar y distorsionar ideas, emociones, recuerdos, conceptos, sensaciones, conceptos, personas… Son procesos muy distintos, con una capacidad contenedora de significados muy desigual. No es sólo una cuestión de rapidez, aunque es cierto que pensamos mucho más rápido, si no que la complejidad de nuestro pensamiento encuentra mal acomodo en el lenguaje, mucho más limitado por la capacidad y conocimientos de cada uno, además de por el tiempo y el espacio.

Es cierto que hay algunas situaciones o contextos que me ayudan a disparar o acelerar el proceso: rodearme de libros, algunas películas, hablar con cierto tipo de personas, dar un paseo, ducharme o lavar algo (algún día entenderé la relación entre el agua y mis ideas)… Pero si tengo que quedarme con una, la que nunca me falla, elegiría ésta: sentarme en un sitio tranquilo, despejado de mis cosas -o mejor aún, desconocido- sin ordenador y a ser posible móvil, sólo un cuaderno en blanco y un bolígrafo o lápiz. No necesito más, aunque en realidad es el camino más arduo y complejo, para algunos incluso aterrador: la famosa hoja en blanco. El mayor reto, pero también la mejor ocasión para tener una gran idea. Sin distracciones, sin excusas, sin otra cosa que hacer. Sin miedo.

Sólo conozco una forma de enfrentarse a la hoja en blanco: empezar. Sin autocrítica, sin normas, sin un objetivo claro. Practica la escritura o el dibujo automático, casi sin pensar. “Arroja” sobre la hoja todo lo que la rapidez de tu mano y capacidad te permitan. Sin filtros.

No te preocupes si las ideas te parecen malas o absurdas al principio. Posiblemente lo sean, o quizás no, ya lo analizarás luego. Pero la creatividad funciona como un río contenido por un embalse. Para empezar sólo necesitas hacer una pequeña grieta, que poco a poco irá abriéndose hasta que el dique (tus miedos, tus prejuicios) se resquebraje por completo y deje salir con fuerza todo el cauce del río a borbotones, sin que puedas contenerlo.

Pero, por favor, no me entiendas mal. No estoy diciendo que todo el mundo pueda ser creativo porque sí, simplemente con desearlo y ponerse delante de un pedazo de papel en blanco y un lápiz. Nada más lejos de mi intención que soltarte el típico mantra simplón de “si quieres puedes” o “todos llevamos un genio dentro, sólo tienes que destapar tu increíble potencial“… bla, bla, bla. Qué aburrimiento.

¿Recuerdas el ejemplo que te ponía al principio del texto? a diferencia de tu altura, que no puedes cambiar, hay aspectos de ti que sí puedes mejorar con práctica y esfuerzo, como la flexibilidad. Seguro que hay personas que nacen con más elasticidad de manera innata, pero eso es sólo la mitad del cuento, el resto es esfuerzo, constancia y tenacidad.

Aún asi, creer que puedes ser más creativo es indispensable. Si no lo crees posible, aunque como posibilidad lejana, ni lo intentes. Éste es el ticket de entrada al espectáculo. Sin él no pasas.

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Porque lo único que puedo decir que sé con absoluta certeza sobre la creatividad es que es una cuestión de libertad. De absoluta libertad de pensamiento. De ausencia de normas, auto-impuestas o aprendidas. De no ver el mundo como blancos y negros, malos y buenos, sí o no. La creatividad requiere que, al menos en tu cabeza, todo sea posible. Libertad para pensar lo que quieras, como quieras. Nadie va a escucharlo, nadie te está viendo. Tus ideas flotan en un mundo donde todo es relativo y depende del punto de vista, donde no importa tu capacidad o conocimientos, porque aquí son del todo irrelevantes.

Algunos afortunados nacen y crecen con esa libertad tan fuertemente desarrollada que no les supone esfuerzo alguno ser creativos, seguramente también porque confíen mucho en ella. Pero si no es tu caso, no te preocupes (tampoco te ayudará hacerlo). Sal al rescate de tu libertad, porque en algún recóndito escondite de tu personalidad estará agazapada, deseando que la encuentres y la lleves contigo de nuevo. No será un proceso fácil ni rápido, porque reconocer barreras mentales, miedos, falsas limitaciones, etc. es como detectar minas antipersona enterradas en el desierto: como te descuides alguna puede explotarte en la cara. Pero merece mucho la pena el riesgo.

Porque, quién sabe, quizás la RAE tenga razón y la creatividad sea también una facultad del alma.

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